Dios luchará por nosotros
El rey Saúl dio un giro equivocado cuando intentó matar a David, y cayó en el dominio de David. Mientras tanto, David se apiadó de su brutal enemigo y le permitió salir impune. Las escrituras explicaron lo que motivó a David a liberar al rey Saúl. David había dicho a sus hombres,
"El Señor me prohíbe hacer esto a mi amo, el ungido del Señor, para que extienda mi mano contra él, ya que es el ungido del Señor" (1 Samuel 24, 6).
Lección:
Los hijos de Dios deben darse cuenta de que nuestras batallas son las de Dios, y debemos permitirle que las pelee. No tiene sentido que luchemos una batalla que Dios está interesado en pelear por sí mismo. Deberíamos permitirle que pelee su propia batalla, en vez de molestarnos y desperdiciar nuestra energía. Los hijos de Dios deberían tomar el asiento trasero y ver a Dios haciendo maravillas. ¡Si Dios es ofensivo con los enemigos, están en problemas! Dios no detendrá una batalla que empezó hasta que la termine, y se asegurará de que la batalla no resurja de nuevo! Mientras tanto, con Dios en acción, no tendremos una razón para sudar o derramar lágrimas, ni tampoco tendremos ninguna razón para culparnos por una acción personal.
Oración:
Querido Dios, por favor pelea mis batallas por mí. No permitas que mis enemigos triunfen. Confúndelos e incapacitales para que no tengan ventaja sobre mí. Tampoco me permitas tomar las leyes en mis manos y atacar irresponsablemente a mis adversarios. Permíteme glorificarte en todos los asuntos. Porque en nombre de Jesucristo hago mis peticiones. Amén.
