Los desafíos no son permanentes
Nadie debe considerar el arrepentimiento como un acto de cobardía; es una muestra de fuerza y un símbolo de humildad. Las personas que son humildes son aquellas que no se avergüenzan de sus pecados para arrepentirse de ellos. Las personas que se arrepienten de sus pecados son las que son valientes. Demuestran honestidad y muestran su total dependencia de Dios para ayudarles a superar futuras tentaciones. Un profeta de la Biblia es un ejemplo de esto. Confesó su posición progresiva con Dios, y declaró su esperanza de un futuro victorioso. El profeta declaró,
"No te alegres por mí, mi enemigo; cuando caiga, me levantaré; cuando me siente en las tinieblas, el Señor será una luz para mí. Llevaré la indignación del Señor, porque he pecado contra él, hasta que defienda mi caso y haga justicia por mí. Me sacará a la luz; veré su justicia" (Miqueas 7, 8-9).
Lección:
La verdadera humildad toca el corazón de Dios. Él ama a aquellos que son lo suficientemente humildes para confesar sus pecados y arrepentirse de ellos. Mientras tanto, Dios odia a la gente que se aferra tercamente a sus pecados. La escritura enfatiza: "Dios resiste a los orgullosos, pero da gracia a los humildes" (Santiago 4:6). Por lo tanto, los hijos de Dios deben entender el significado del arrepentimiento y ejercitarlo. El creyente que se ha dejado llevar por un pecado debe arrepentirse de él para poder recibir el perdón y la restauración de Dios.
Oración:
Querido Dios, soy un pecador, y estoy muy arrepentido de mis pecados. Entiendo que eres un Dios amoroso y perdonador, por lo tanto, pido tu perdón. Por favor, perdona mis pecados pasados y devuélveme al gozo de tu salvación. Dame poder a través de tu Espíritu Santo para vivir una vida pura y aceptable ante ti para que pueda calificar para tu reino eterno. Porque en el nombre de Jesucristo hago mis peticiones. Amén.
